

La iluminación cambia por completo la percepción de un jardín por la noche. Bien resuelta, lo convierte en una extensión de la casa; mal resuelta, lo deja plano o deslumbra. Estas son las decisiones que conviene tomar antes de elegir ninguna luminaria.
¿Quieres destacar un árbol o una fachada, iluminar una zona de comedor, marcar un camino? Cada uso pide un tipo de luz distinto, y lo ideal es combinarlos en capas en lugar de iluminarlo todo por igual.
Las balizas y luces de suelo guían en caminos y escaleras. Los proyectores de acento resaltan plantas, esculturas o muros. Las luminarias suspendidas o los apliques dan una luz más cálida en pérgolas y zonas de estar. En todos los casos, busca un buen grado de protección frente al agua y el polvo.



La conexión a la red ofrece una luz constante y controlable, y permite integrarla en un sistema domótico con escenas y horarios. Las luces solares son útiles en zonas alejadas y bien soleadas, aunque su rendimiento es más irregular.
La luz rasante sobre un muro o desde abajo hacia un árbol crea profundidad; evita apuntar hacia las zonas de estar o hacia las ventanas vecinas. No olvides la seguridad en escalones y desniveles, y elige materiales que resistan la intemperie con poco mantenimiento.
Si quieres integrar la iluminación del jardín en la reforma de tu casa, hablemos.