

Un ático tiene algo que pocos pisos ofrecen: luz, cielo y, muchas veces, una terraza que puede usarse buena parte del año. Diseñar su interior consiste en sacar partido de esas ventajas y resolver sus puntos débiles, como el sol directo en verano o el aislamiento de la cubierta.
En un ático, la terraza no es un añadido: es una estancia más. Prolongar el pavimento, alinear las carpinterías y pensar la iluminación exterior junto con la interior hace que ambos espacios se lean como uno solo.







La abundancia de luz obliga a controlarla. Toldos, persianas motorizadas o una pérgola bioclimática, integrados en un sistema domótico, permiten ajustar la luz y la temperatura según la hora del día.
Las distribuciones abiertas aprovechan mejor las vistas y la luz: cocina, comedor y salón en un mismo ambiente, y las zonas privadas agrupadas. En cuanto a materiales, conviene elegir acabados que envejezcan bien con mucha exposición solar —madera tratada, piedra, porcelánico— y una paleta contenida que no compita con el exterior.
La cubierta es la parte más expuesta del edificio. Antes de pensar en acabados, revisa el aislamiento y la impermeabilización, y planifica una climatización eficiente.
Puedes ver un ejemplo en nuestro ático de Plaza Tetuan, en el portfolio, o contarnos tu proyecto.
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